La cena entre Florentino Pérez y Jaume Roures
Nuñez va a comprar una mona a su nieto.
De vuelta a la capital, como me toca cada mes. Mientras salgo del sueño y vuelvo a casa en este Alaris, se me ha ocurrido abrir el portátil y escribir sobre lo que acabo de ver. Breve, pero intenso.
Los que me conocen
saben de sobra que soy gran seguidor del F.C.Barcelona, pero aunque sorprenda, no soy el único en la capital. De hecho veo a mucha gente por la calle o en RENFE con camisetas, mochilas, y otros artilugios del Barça. Sin embargo esto poco tiene que ver con el encanto y el interés que despierta en mí Madrid.
Las grandes ciudades y su diversidad de opciones me encantan. Soy un chico (cada vez menos chico por culpa de los años) inquieto, que necesito actividad continua. En concreto, a mi me gusta la actividad dedicada a los demás. Me gusta sentirme parte de un colectivo, y auto-llevarme a la satisfacción colaborando para que ese colectivo sea mejor. ¿Y qué tiene que ver esto con Madrid? Pues muy fácil, que el colectivo es grande, muy grande, por lo cual provoca en mí terribles ganas de hacer grandes cosas. Me va el stress, jajaja.
No sé si algunos de vosotros, lectores, tiene el gusto (o disgusto, no creo que esté a gusto de todos) de vivir en Madrid o haberla visitado alguna vez. Seguramente no es la mejor ciudad del mundo (la mejor siempre está por descubrir, razón para viajar). Barcelona es muy moderna, Ámsterdam me enamoró…
Pero una cosa es verdad: Madrid es Madrid. Y para bien o para mal, no hay nada igual. Hace tan sólo un año la desconocía, pero desde que la descubrí, no he parado de generar recuerdos y de involucrar mi vida allí. Es por eso que le guardo un especial amor y lo veo quizás con excesivos buenos ojos, jeje.
Y cada vez que subo en el metro, imagino la cantidad de historias que suceden en las caras de los pasajeros de mi vagón. Cada vez que veo sus grandes avenidas y monumentos, yo también me siento grande. Cada vez que observo la cosmópolis que inunda la ciudad, me doy cuenta que Madrid no es de España solamente, si no de todos.
Y lo mejor, cada vez que salgo a la calle a pasear, con frío o sin él, por Atocha, Gran vía, la puerta del Sol, Alonso Martínez, la calle Alcalá, Salamanca, la Vaguada, la Alameda de Osuna, O'Donnell, la Plaza Mayor… la siento más mía.
Me siento más Madrid.
A fuego lento tu miradaA fuego lento tú o nadaVamos fraguando esta locuraCon la fuerza de los vientos y el sabor de la ternuraSigue el camino del cortejoA fuego lento a fuego viejoSigue avivando nuestra llamaCon todo lo que te quiero y lo mucho que me amas.A fuego lento me haces aguaContigo tengo el alma enamoradaMe llenas, me vacías, me desarmasAy ay ay amor cuando me amasA fuego lento revoltosasCaricias que parecen mariposasSe cuelan por debajo de la ropaY van dejando el sentimiento amor forjado a fuego lento.A fuego lento mi cinturaA fuego lento y con lisuraVamos tramando este alborotoCon la danza de los mares y el sabor del poco a pocoSiguo el camino del cortejoA fuego lento a fuego añejoSigo avivando en nuestra llamaTantos días como sueños, tantos sueños que no acaban.A fuego lento me haces aguaContigo tengo el alma enamoradaMe llenas, me vacías, me desarmasAy ay ay amor cuando me amasA fuego lento revoltosasCaricias que parecen mariposasSe cuelan por debajo de la ropaY van dejando el sentimiento amor forjado a fuego lento.(Rosana)


5. m. Hombre que se porta con nobleza y generosidad.
6. m. Persona de alguna consideración o de buen porte.
Lo poco que parece ayudar la autoayuda
Un estudio, llevado a cabo por psicólogos canadienses y publicado en Psychological Science, da cuenta de las afirmaciones poco correctas de algunas revistas de pseudopsicología, popularmente llamadas de autoayuda, que recomienda a sus lectores que "prueben a recitar: 'Soy poderoso, soy fuerte, y nada en este mundo puede detenerme'", lo que, según este estudio, lejos de ser beneficioso, puede llegar a resultar contraproducente.
Las afirmaciones positivas sobre uno mismo hacen que las personas que ya se sienten mal con respecto a sí mismos no se sientan mejor sino peor, concluyó el estudio realizado por los psicólogos Joanne Wood y John Lee, de la Universidad de Waterloo, y Elaine Perunovic, de la Universidad de New Brunswick.
La sola repetición de un mantra positivo no levantará la autoestima de los pacientesPara el estudio, los especialistas le pidieron a personas con baja y alta autoestima que repitieran la frase "Soy una persona querible", para luego medir los estados de ánimo y los sentimientos de los participantes. Lo que hallaron es que los individuos que comenzaron el estudio con baja autoestima se sintieron peor después de repetir esa frase.
"Creo que lo que ocurre es que cuando una persona con baja autoestima repite pensamientos positivos, probablemente tenga pensamientos contradictorios", dijo Wood a la agencia AFP. "Por lo tanto, si están diciendo 'Soy una persona querible', pueden estar pensando 'Bueno, no siempre soy querible' o 'No soy querible en este sentido' y estos pensamientos contradictorios pueden desbordar los pensamientos positivos", explicó.
A pesar de que los pensamientos positivos sí parecen efectivos cuando forman parte de una terapia más amplia, solos tienden a revertir el efecto que supuestamente tienen que tener, dijo Wood, instando a los libros, revistas y programas de TV de autoayuda a dejar de decirle a la gente que la sola repetición de un mantra positivo levantará su autoestima. "Es frustrante para la gente cuando lo intenta y no funciona", añadió.
FUENTE: 20minutos.es
En resumen, que tratar de aotusolucionarse los problemas puede hundirnos aún más.
Yo personalmente he observado que cuando tengo un problema entro en un un círculo negativo de ideas donde no puedo parar de verlo todo por la parte mala sin que alguien me ayude a salir de ahí. Incluso a veces tan sólo una frase de un/a amigo/a te ayuda a tranquilizarte o te hace darte cuenta de que quizás estés dando vueltas a algo que desde fuera se ve insignificante (es decir, que en condiciones normales no te atormentaría.
Espero que os sirva como reflexión, que siempre va bien contrastar opiniones y una palabra buena de alguien exterior a alquien que tiene poca autoestima, siempre hace que ésta suba (ya que generalmente la gente con poca autoestima se deja llevar fácilmente por opiniones ajenas).

